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sábado, 7 de septiembre de 2013

cuento.. realizado por sandra jimenez

¡EA avemaría pues!

 

Vení  Ernesto te cuento algo,

- Aja!

Como te parece que cuando éramos niños  mi hermano Jaime, mi mamá y yo, teníamos  la costumbre  de  ir casi todos los Diciembres a visitar a la abuela Sofía que vivía en Amalfi, un bello pueblito minero ubicado en el Nordeste de Antioquia, este municipio que me parecía tan particular por que usted al llegar lo primero que veía era una hermosa e imponente iglesia ubicada en toda la mitad del parque, la estatua tan llamativa en forma de  tigre rugiendo situada en toda una esquina como queriéndosele tirar a todo el que lo miraba.

 

La casa de mi abuela Sofía quedaba  a cinco minutos del pueblo, y como la mayoría de casas antioqueñas del campo, era de zinc, con sus paredes de tapia, sostenidas por unas vigas gigantes, era bastante acogedora y además tenía un solar gigante donde  siempre llegábamos a jugar.

Mi abuela era una señora de rostro imponente, morena, contextura gruesa  como toda buena  paisa, como dicen por ahí una señorona en toda la extensión de la palabra, una mujer católica además bastante creyente de María Auxiliadora, las benditas ánimas del purgatorio y todos los santos. mi abuela fue padre y madre a la vez, crío a sus dos hijas sola, porque era una mujer muy trabajadora, berraca, bastante pujante,  le tocaba cargar leña, cultivar maíz, yuca, ordeñar vacas, cuidar marranos, criar pollos, lavar en el rió, porque mijo! acueducto y alcantarillado no había y tocaba lavar con esos solazos en una piedra dándole duro a esa ropa en el río todos los días, bueno entre otros quehaceres, que eran labores muy duras para una mujer; pero eso no importa cuando hay tanto por hacer uno no se le arruga a nada  y además dos bocas que alimentar no había formita de dar cabida a la pereza y yo creo que por eso gracias a Dios nunca falto la comidita.

 

¿Y entonces cual es la historia?

-espéreme un tantico ya se la cuento…

 A las personas mayores en especial en los pueblos se les escucha hablar mucho de la religiosidad, la moral y leyendas de espantos y demonios, conversaciones que no nos permitían escuchar a los más pequeños diciendo además “no meta la cucharada”, “no escuche las conversaciones de los mayores”.

Recuerdo una noche, cuando todas las amigas de mi abuela estaban reunidas después de rezar el rosario, ellas como siempre muy bien acomodadas tomando tinto en la cocina, y   como de costumbre mi abuela se  fumaba un tabaco, me dio mucha intriga, la más grande del mundo y como dice el dicho “la curiosidad mato al gato” y ese dicho casi me aplica mi… Que angustia!

- pero  bueno  le  sigo contando, como no había televisión, a las ocho nos mandaban a acostar, eso si después de estar bien mamados por estar jugando todo el día fútbol, trompo, chucha cogida y seguida, bota tarro, brincar lazo, escondidijo, no pregúntame mejor que no jugábamos, y nos decía mi mamá, Bueno mijos  vayan hagan Chichi, cepillensen bien los dientes,  recen el ángel  de  la guarda, Jesús, María y José y a soñar con los angelitos.

¿Y entonces?...

¡Ah sí!, Como le parece que yo me hice el dormido y póngale que a los 15 minutos me levante, eso si  calladito  así arrastrándome de la pieza, pase por la sala como cual vil gusano por el piso para que mi abuela no me viera.

¿Aja y que paso?

No pues después de esa travesía, llegue hasta la cocina, donde estaban todas las señoras reunidas y empecé a escuchar desde una esquina de la puerta detrás de una cortina, sumiendo panza  para que no me descubrieran casi sin respiración para poder lograr mi cometido, y  por fin poder saber que era tanto lo que hablaban los mayores cuando los niños duermen.

 

Y empieza la abuela Sofía a hablar… vecinas en esa esquina del solar donde estaba la mata de plátano…

-Jacinta: ¿Que  paso allá?

-Abuela: …Como les parece que esa mata se callo a las doce del día,  así  no mas solita, sin que nadie la tumbara

-Esperanza: ¿Y entonces usted no fue a ver que fue lo que paso?

-Abuela: pues yo  si fui y allá no había nada,

-Jacinta: ¡y usted no escarbo!

-Abuela: ¿escarbo qué?

-Jacinta: pues  ole, donde cayó la mata a ver si había algo

-Abuela: No yo llame a  don Ricardo el  vecino y él se quedó ahí ayudándome a botar unas cosas y desyerbándome  el solar

¡Vos si sos bruta Sofía!, exclama doña carmen

¿Por qué? Pregunto mi abuela

-Doña Carmen: Con razón esa gente se fue del pueblo y dicen que se fueron con  plata, por que las malas lenguas comentan aunque no me conste, que ahí había un entierro

- ¡Claro! Ahora entiendo por que me dejo el hueco ahí, y el muy mal nacido me dijo que era para que hiciera una siembra. Pero saben que vecinas yo  le deseo a don Ricardo que  Dios lo colme  de  bendiciones por que por ahí dicen que “lo que viene derecho no trae arrugas” y eso no era para  mi.

-Oíste vecina?  Replico mi abuela Mira tan charro!... Como te parece que hace tiempesito  allí en el lindero de la casa estábamos Estercita y yo haciendo una siembra de tomate  y  así no mas nos  encontramos  unas botellas pero ¿sabes qué?...toditas estaban llenas de carbón

- ¿Cómo   así?

¿Y vos  no las guardaste Sofía? Dijo Jacinta

A lo que la abuela contesto, no ole yo deje eso ahí tirado.

-Jacinta, con voz afligida le dice no querida vos si votas la suerte, no hombe!

-Porque? dijo la abuela

 Sofía! vos es que no sabes, que si una de las personas cuando se encuentra un entierro tiene envidia eso se vuelve carbón, tenias es que haberlas guardado y después te  aparecía el oro cuando vos estuvieras sola.

Bendito sea el señor! dijo la abuela. Mija Dios no me tenía para ser rica en esta vida jajaja.  ¡Pero yo creo que hay otro! dice  la abuela.  Ese si no lo dejo escapar…

¿En donde? Preguntaron todas a la vez... Hay queridas en ese marco de la cocina como les parece que se ve desde mi pieza que pasa alguien tiene figura de un hombre se queda siempre ahí parado y luego como que sigue hasta el solar, yo ya lo he visto muchas veces y después  en la  madrugada  suenan caer monedas y sale de ahí como una llamarada no mas les digo que a mi me da un susto, lo único que hago es y rezar. En ese mismo instante  que  escuche  a  la  abuela  decir eso me paniquie, me parecía que iba a ver al señor, la llama me iba a quemar, no,no,no y cuando gire pa’ devolverme pa’ la cama como es que se me enrollo la cortina en un pie y ...

-Zuass!, me caí de bruces con todo y la cortina y quede ahí tendido en mitad de toda reunión, ¡que angustia!.  Todas las señoras se largaron a reír de verme ahí extendido cual sapo estripao en el suelo, yo solo me acuerdo ver a mi abuela mas grande de lo que era y lo único que pronuncio refiriéndose a mi y en tono muy alto fue: ¿José que andabas haciendo hay escondido?,  este es mucho mugroso, izque espiando… contéstame! y quien responde pues, yo mudo, tragando saliva no se si por el susto de lo que estaban hablando,  por la caída, o por lo que me Corría pierna arriba, solo pensaba y mi mente concentrada en la pela tan hijuemadre que me iban a dar, nadie sabe cuantos padrenuestros mal rezados hice ese día todas las señoras  no paraban de reírse al verme la palidez y lo charro de la caída; lo que apaciguo un poco la rabia de mi abuela. Por primera vez quería  que  las  vecinas  se  quedaran  un  rato  más, conocía  tan  bien  a  mi  abuela  que   sabia  que cuando  ellas  se  fueran, me  iba  a  dar  una  tunda y si no era ella seria mi mamá, no tenia escapatoria me sentía cual reo en sentencia pero como que Dios se acordó de mi y  la abuela no me casco esa noche  me perdono la vida, además a ella también le dio mucha risa, fuera de eso ya estaba muy tarde y después no se me menciono mas  el tema, me mando a dormir, pero sabes que? Eso como que no se quedo así porque ahí mi Dios!, al día siguiente se acordó y dice a regañarme,  coje un  juete con el que arriaban los caballos , que  guardaba  detrás  de  la  puerta  del reblujo y…

…tan, tan tan, para que aprenda; nunca  olvidare esa pela de la abuela Sofía, y no lo digo por el dolor causado si no que pensándolo bien por la gran lección que me dejo.

-Ella me dio este concejo, a los mayores siempre respételos escuche sus concejos uno no llega a viejo de una la vida y las experiencias que se hemos vivido nos ayudan a formar el carácter y a criar buenos hombres.  Lo que me queda por decir es que la envidia siempre ha existido, que las oportunidades de la vida hay que aprovecharlas y que todo  lo que tengan los abuelos por contar pasara de en generación en generación, y sobre todo que la honradez ,  las buenas costumbres y principios inculcados por ellos  son nuestro mayor cultivo y lo mejor de todo es que a pesar de que la abuela Sofía no contó con la suerte de sacarse ningún entierro, la fortuna mas grande fue tenerla a nuestro lado y aprender tantas cosas buenas y lecciones de vida de sus experiencias.

 

                                                                                                   FIN.

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