Vení Ernesto
te cuento algo,
- Aja!
Como te parece que cuando éramos niños mi hermano Jaime, mi mamá y yo, teníamos la costumbre de ir casi todos los
Diciembres a visitar a la abuela Sofía que vivía en Amalfi, un bello pueblito
minero ubicado en el Nordeste de Antioquia, este municipio que me parecía tan
particular por que usted al llegar lo primero que veía era una hermosa e
imponente iglesia ubicada en toda la mitad del parque, la estatua tan llamativa
en forma de tigre rugiendo situada en toda una esquina como queriéndosele
tirar a todo el que lo miraba.
La casa de mi abuela Sofía quedaba a cinco
minutos del pueblo, y como la mayoría de casas antioqueñas del campo, era de
zinc, con sus paredes de tapia, sostenidas por unas vigas gigantes, era
bastante acogedora y además tenía un solar gigante donde siempre
llegábamos a jugar.
Mi abuela era una señora de rostro imponente,
morena, contextura gruesa como toda buena paisa, como dicen por ahí
una señorona en toda la extensión de la palabra, una mujer católica además
bastante creyente de María Auxiliadora, las benditas ánimas del purgatorio y
todos los santos. mi abuela fue padre y madre a la vez, crío a sus dos hijas
sola, porque era una mujer muy trabajadora, berraca, bastante pujante, le
tocaba cargar leña, cultivar maíz, yuca, ordeñar vacas, cuidar marranos, criar
pollos, lavar en el rió, porque mijo! acueducto y alcantarillado no había y
tocaba lavar con esos solazos en una piedra dándole duro a esa ropa en el río
todos los días, bueno entre otros quehaceres, que eran labores muy duras para
una mujer; pero eso no importa cuando hay tanto por hacer uno no se le arruga a
nada y además dos bocas que alimentar no había formita de dar cabida a la
pereza y yo creo que por eso gracias a Dios nunca falto la comidita.
¿Y entonces cual es la historia?
-espéreme un tantico ya se la cuento…
A las
personas mayores en especial en los pueblos se les escucha hablar mucho de la
religiosidad, la moral y leyendas de espantos y demonios, conversaciones que no
nos permitían escuchar a los más pequeños diciendo además “no meta la
cucharada”, “no escuche las conversaciones de los mayores”.
Recuerdo una noche, cuando todas las amigas de mi
abuela estaban reunidas después de rezar el rosario, ellas como siempre muy
bien acomodadas tomando tinto en la cocina, y como de costumbre mi
abuela se fumaba un tabaco, me dio mucha intriga, la más grande del mundo
y como dice el dicho “la curiosidad mato al gato” y ese dicho casi me aplica
mi… Que angustia!
- pero bueno le sigo contando,
como no había televisión, a las ocho nos mandaban a acostar, eso si después de
estar bien mamados por estar jugando todo el día fútbol, trompo, chucha cogida
y seguida, bota tarro, brincar lazo, escondidijo, no pregúntame mejor que no
jugábamos, y nos decía mi mamá, Bueno mijos
vayan hagan Chichi, cepillensen bien los dientes, recen el ángel de la guarda,
Jesús, María y José y a soñar con los angelitos.
¿Y entonces?...
¡Ah sí!, Como le parece que yo me hice el dormido y
póngale que a los 15 minutos me levante, eso si calladito así
arrastrándome de la pieza, pase por la sala como cual vil gusano por el piso
para que mi abuela no me viera.
¿Aja y que paso?
No pues después de esa travesía, llegue hasta la
cocina, donde estaban todas las señoras reunidas y empecé a escuchar desde una esquina
de la puerta detrás de una cortina, sumiendo panza para que no me
descubrieran casi sin respiración para poder lograr mi cometido, y por
fin poder saber que era tanto lo que hablaban los mayores cuando los niños
duermen.
Y empieza la abuela Sofía a hablar… vecinas en esa
esquina del solar donde estaba la mata de plátano…
-Jacinta: ¿Que paso allá?
-Abuela: …Como les parece que esa mata se callo a
las doce del día, así no mas solita, sin que nadie la tumbara
-Esperanza: ¿Y entonces usted no fue a ver que fue
lo que paso?
-Abuela: pues yo si fui y allá no había nada,
-Jacinta: ¡y usted no escarbo!
-Abuela: ¿escarbo qué?
-Jacinta: pues ole, donde cayó la mata a ver
si había algo
-Abuela: No yo llame a don Ricardo el
vecino y él se quedó ahí ayudándome a botar unas cosas y desyerbándome el
solar
¡Vos si sos bruta Sofía!, exclama doña carmen
¿Por qué? Pregunto mi abuela
-Doña Carmen: Con razón esa gente se fue del pueblo
y dicen que se fueron con plata, por que las malas lenguas comentan
aunque no me conste, que ahí había un entierro
- ¡Claro! Ahora entiendo por que me dejo el hueco
ahí, y el muy mal nacido me dijo que era para que hiciera una siembra. Pero
saben que vecinas yo le deseo a don Ricardo que Dios lo colme
de bendiciones por que por ahí dicen que “lo que viene derecho no trae
arrugas” y eso no era para mi.
-Oíste vecina? Replico mi abuela Mira tan charro!... Como te
parece que hace tiempesito allí en el lindero de la casa estábamos
Estercita y yo haciendo una siembra de tomate y así no mas nos
encontramos unas botellas pero ¿sabes qué?...toditas estaban llenas
de carbón
- ¿Cómo así?
¿Y vos no las guardaste Sofía? Dijo Jacinta
A lo que la abuela contesto, no ole yo deje eso ahí
tirado.
-Jacinta, con voz afligida le dice no querida vos si
votas la suerte, no hombe!
-Porque? dijo la abuela
Sofía! vos es
que no sabes, que si una de las personas cuando se encuentra un entierro tiene
envidia eso se vuelve carbón, tenias es que haberlas guardado y después
te aparecía el oro cuando vos estuvieras sola.
Bendito sea el señor! dijo la abuela. Mija Dios no
me tenía para ser rica en esta vida jajaja. ¡Pero yo creo que hay otro!
dice la abuela. Ese si no lo dejo escapar…
¿En donde? Preguntaron todas a la vez... Hay queridas
en ese marco de la cocina como les parece que se ve desde mi pieza que pasa
alguien tiene figura de un hombre se queda siempre ahí parado y luego como que
sigue hasta el solar, yo ya lo he visto muchas veces y después en la madrugada suenan caer monedas
y sale de ahí como una llamarada no mas les digo que a mi me da un susto, lo
único que hago es y rezar. En ese mismo instante que escuche
a la abuela decir eso me paniquie, me parecía que iba a ver
al señor, la llama me iba a quemar, no,no,no y cuando gire pa’ devolverme
pa’ la cama como es que se me enrollo la cortina en un pie y ...
-Zuass!, me caí de bruces con todo y la cortina y
quede ahí tendido en mitad de toda reunión, ¡que angustia!. Todas las
señoras se largaron a reír de verme ahí extendido cual sapo estripao en el
suelo, yo solo me acuerdo ver a mi abuela mas grande de lo que era y lo único
que pronuncio refiriéndose a mi y en tono muy alto fue: ¿José que andabas
haciendo hay escondido?, este es mucho mugroso, izque espiando… contéstame!
y quien responde pues, yo mudo, tragando saliva no se si por el susto de lo que
estaban hablando, por la caída, o por lo que me Corría pierna arriba,
solo pensaba y mi mente concentrada en la pela tan hijuemadre que me iban a dar,
nadie sabe cuantos padrenuestros mal rezados hice ese día todas las
señoras no paraban de reírse al verme la palidez y lo charro de la caída;
lo que apaciguo un poco la rabia de mi abuela. Por primera vez quería
que las vecinas se quedaran un rato
más, conocía tan bien a mi abuela
que sabia que cuando ellas se fueran,
me iba a dar una tunda y si no era ella seria mi
mamá, no tenia escapatoria me sentía cual reo en sentencia pero como que
Dios se acordó de mi y la abuela no me casco esa noche me perdono
la vida, además a ella también le dio mucha risa, fuera de eso ya estaba muy
tarde y después no se me menciono mas el
tema, me mando a dormir, pero sabes que? Eso como que no se quedo así porque
ahí mi Dios!, al día siguiente se acordó y dice a regañarme, coje
un juete con el que arriaban los caballos , que guardaba
detrás de la puerta del reblujo y…
…tan, tan tan, para que aprenda; nunca
olvidare esa pela de la abuela Sofía, y no lo digo por el dolor causado si no
que pensándolo bien por la gran lección que me dejo.
-Ella me dio este concejo, a los mayores siempre
respételos escuche sus concejos uno no llega a viejo de una la vida y las
experiencias que se hemos vivido nos ayudan a formar el carácter y a criar
buenos hombres. Lo que me queda por
decir es que la envidia siempre ha existido, que las oportunidades de la vida
hay que aprovecharlas y que todo lo que tengan los abuelos por contar
pasara de en generación en generación, y sobre todo que la honradez , las
buenas costumbres y principios inculcados por ellos son nuestro mayor
cultivo y lo mejor de todo es que a pesar de que la abuela Sofía no contó con
la suerte de sacarse ningún entierro, la fortuna mas grande fue tenerla a
nuestro lado y aprender tantas cosas buenas y lecciones de vida de sus
experiencias.
FIN.
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