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sábado, 26 de octubre de 2013

Jessica Sepúlveda seguro
cuento bicentenario 

La historia de mi tierra
La vida era llevadera y tranquila, un pueblo con historias en cada esquina, en cada casa, en cada familia, lejos de Medellín una ciudad que a pasos agigantados crecía y a muchos tentaba para que emigraran a ella prometiendo prosperidad, sin embargo existía una familia arraigada a sus costumbres, en ellos no existía esta tentación de abandonar su pueblo, quizás por miedo a saber que había fuera, o tal vez porque allá lo tenían todo, sus ancestros habían luchado por un hogar, pero nada saldría como lo esperaban, Medellín era un imán y el futuro de muchas familias estaría escrito en esta ciudad, para mi es el pasado para mis abuelos era el futuro y esta es la historia de mi familia.
Soy de la familia Álvarez, nacimos en Andes-Antioquia en el pueblo todos se conocían con todos, mi abuelo Enrique era el mayor de otros 6 hermanos que tenia, la casa donde Vivian era grande, amplios corredores, poseían un espacio donde tenían sus cultivos de frutas, Papa, cilantro, etc. Mi bis abuela con la ayuda de todos los hijos estaban encargados del mantenimiento de estos, junto los quehaceres de la casa, mi bis abuelo dedicado al cultivo del café, trabajaba para Don Ernesto, este estilo de vida les daba lo suficiente para vivir, con la pujanza de sus raza antioqueña los abuelos de mis padres forjaban con esfuerzo, sudor y lagrimas no solo un futuro para la familia si no también un reconocimiento en el Pueblo.
Don Ernesto poseedor de largos cultivos de café le daba trabajo a muchísimos padres cabeza de familia, mi Bis abuelo Honorio se levantaba temprano en la madrugada, mi bis abuela Eugenia se levantaba con él, lo despachaba con una aguapanela para después ponerse a hacer las arepas pues debía molerlas primero, así aseguraba el desayuno diario de todos sus hijos, Enrique el mayor de sus hijos cargaba desde pequeño la responsabilidad de velar por sus hermanos no solo con el ejemplo sino casi que convirtiéndose en un Papa para los otros.
Honorio los viernes reclamaba el pago en la plaza del pueblo, depende de lo que el recogía le pagaban, siempre se quedaba hasta el domingo bebiendo, a menudo pasaban los hijos un sábado y lo veían sentado borracho casi hasta perder la conciencia pero era como si no lo conocieran, ni siquiera se le arrimaban, sabían que el al domingo llegaría a la casa en la tarde con un bulto de mercado, y así era, traía la panela y los granos para preparar los frijoles, las lentejas, etc. aun borracho se sentaba en su silla mecedora prendía un tabaco por horas pasaba mirando al horizonte, como esperando que algo pasara, finalmente ahí se quedaba dormido mientras el tabaco aun encendido se consumía.
Eugenia le quitaba su carriel y su sombrero, los colgaba luego lo despertaba para así pasarlo a su habitación, no sin antes darle un caldo cargado de cilantro que era como un somnífero pues luego de eso quedaba profundo, para así al otro comenzar de nuevo una semana, una rutina que se repetía desde hace ya varios años.
Era un Miércoles al medio día, Honorio trabajaba en el cafetal como era costumbre, Eugenia con sus hijos recogían algunos frutos pues había cosecha de guayaba, pero Enrique el mayor estaba en la plaza, se le había volado a la Mama para evitar su rutina, a unas cuantas cuadras de su hogar, sentado en el atrio de la iglesia mirando las fronteras del pueblo, pensando en cómo sería la vida fuera de su pueblo a lo lejos vio que un joven corría gritando desesperado, “Mataron a Gaitán” el rumor en el pueblo se extendió rápidamente, ni siquiera sabia quien era Gaitán pero vio que todo se volvió un caos, pocos minutos después en la esquina vio que centenares de hombres con camisa roja, sus sombreros y sus machetes, la disputa política había alcanzado a Andes, liberales y Conservadores partidos políticos, divisiones de ideas, era suficiente para que se mataran entre sí, Los Liberales reconocidos con el color rojo habían invadido el Pueblo, aprovechando las horas laborales en donde casi todos los hombres cabeza de familia trabajaban, todo aquel que no llevara los colores de este partido político era asesinado brutalmente, Enrique se escondió rápidamente en la iglesia, todo afuera era un caos, se escuchaban gritos y sollozos, Enrique debía llegar a casa.
El rumor de lo que sucedía en el pueblo llego a oídos de los hombres en los cafetales, aquel miércoles donde el sol a punto de esconderse se mezclaba con las nubes, tornándolas de un rojo casi perfecto, el día donde el cielo de Andes sangro.
Finalmente aun con un poco de luz Enrique salió de su escondite, habían muchas personas tiradas en el piso sangrando, con profundas heridas, algunos ya sin vida, pero él no se paró a mirar, solamente corrió esquivando algunos enfrentamientos en las calles, no fue nada alentador llegar a casa, varios hombres salían con su familia toda amarrada de las manos y con sus ojos tapados, los filaron y los arrodillaron, Enrique escondido en un arbusto a unos metros alcanzo a ver como los machetes uno a uno les quitaban la vida a sus familias, Enrique paralizado y lleno de miedo no fue capaz de hacer nada, simplemente escucho por última vez a su madre decir su nombre, como si hubiera sentido su presencia, finalmente el machete de un anciano de barba larga y blanca le quitara la vida.
Enrique espero que estos hombres se marcharan, fue abrazo a sus padres, lloro a sus hermanos y salió de su casa, como de su casa de su pueblo, deambulando de pueblo en pueblo, trabajando de sol a sol, en lo que fuera, había noches que dormía en el parque de los pueblos a la interperie, otras veces trabajaba en fincas donde le daban posada, conoció muchísimas familias, la muerte de su familia no se olvidaba pero cada día dolía menos, el tiempo nunca se paró a esperarlo y él debía hacer algo por su vida, pero estaba convertido en un nómada, en cantinas de pueblos entraba y se emborrachaba hasta perder la razón, después de algunos años, ya Enrique mayor de edad pero aun joven y vigoroso llego a un pueblo, Porce, en este pueblo pasaba el ferrocarril, tomo la decisión de venirse para Medellín, y así lo hizo.
Después de unas horas de viaje en el ferrocarril llego a Cisneros, la estación donde se quedaba, había llegado a Medellín, nunca antes había visto algo tan grade, tantas iglesias juntas, tanta gente todos caminaban con un rumbo fijo, todos llevaban prisa menos él, recorrió Medellín, veía unos coches grande los cuales llamaban escaleras y transportaban a las personas, algunos con sus autos propios, así caminando llego al atrio de una iglesia y se sentó mientras dentro de ella se celebraba una misa, la iglesia de la Veracruz, Mientras estaba ahí sentado una mujer de unos 45 años aproximadamente se le acerco y le pregunto si quería trabajar para ella, era poco común para el que alguien se acercara y le ofreciera empleo, el estaba acostumbrado a buscarlo, acepto debía trabajar para poder alimentarse, con la señora se subió a una de las escaleras y esta los llevo hacia Envigado cerca a Medellín, una finca grande y con muchos cultivos, la señora lo presento ante su familia les dijo que él iba a trabajar para ella, se veía que era una familia importante, pero fijo sus ojos en una de sus hijas, Raquel, una hermosa joven que le sonrió apenas lo vio, así Enrique mi abuelo conoció a Raquel mi abuela, Enrique trabajo durante muchos años en la familia, en las tardes se veía con Raquel, se hicieron novios, Enrique siguió trabajando en esta finca por algunos años hasta que una vez le hablaron de unos empleos que estaban dando en una empresa en Medellín llamada la Nacional de chocolates, el fue y se paro con un puñado de trabajadores al frente de la puerta, espero varias horas, finalmente una persona salió y se paro al frente de ellos, montado en una silla escogió 20 personas al azar entre ellos estaba Enrique, los hizo entrar una especie de inducción, les pregunto que sabían hacer y los situó en diferentes puestos, Enrique había logrado dar un gran paso, regreso a la finca hablo con la patrona le pidió que lo dejara quedar unos meses en la finca mientras el conseguía un lugar pues ya no podía seguir trabajando para ella, le conto lo que había pasado a Raquel y le pidió matrimonio delante de la Mama, Raquel acepto, al cabo de unos cuantos meses, compraron una casa con la ayuda de Marta la Mama de Raquel.
Pasaron varios años, todo había mejorado y cambiado tanto en Antioquia como en Medellín, habían construido carreteras, ya no eran destapadas, estaban pavimentadas, era más común que alguien tuviera un auto, las escaleras solo se dirigían a pueblos muy lejanos, los que estaba cerca se movilizaban en bus, en Colombia se habían creado guerrillas que inicialmente fue llamada chusma, pero después fueron nombradas, M19, FARC, ELN y la violencia entre Liberales y conservadores había disminuido, pero esta guerrilla se estaba comenzando a tomar el país, los barrios en Medellín habían crecido notablemente, las zonas verdes comenzaban a desaparecer para así dar paso a la civilización, el televisor aparecía con fuerza, la radio era cada vez mejor, ya enterarse de noticias nacionales era más fácil, construían edificios en el centro de Medellín que se convertía en una apuesta industrial importante para todo Colombia, Mi padre hijo del matrimonio de Enrique y Raquel era el segundo de los 4 hijos su nombre es Carlos, Enrique aun trabajaba en la nacional de chocolates, Raquel había montado una tienda en envigado a sus hijos les fomentaron la educación desde pequeños, todo había cambiado, el centro de Medellín era mucho más grande de lo que era hace algunos años, las construcciones eran grandes, edificios de más de 20 pisos donde la gente acudía a trabajar todos los días, la población había crecido notablemente y así era la vida de Enrique y Raquel criando sus hijos, con rutinas totalmente diferentes a las que llevaban antes, la industria creció y daba muchas oportunidades de empleo.
Carlos conoció una mujer en Envigado, había acabado de llegar su nombre es Elena, Ella Elena es mi Madre, estudiaron juntos, en ese entonces el deporte era algo de la rutina diaria de las personas, ellos jugaron juntos en un equipo mixto del colegio desde pequeños crecieron finalmente fueron novios para posteriormente contraer matrimonio.
Recién casados en Colombia estaba en auge Palo Escobar, el más grande narcotraficante de la historia según algunas personas, para otros era como un Robín Hood, la ciudad se vio envuelta en una violencia a tal punto que las personas tenían miedo de salir, bombas en el centro de Medellín, asesinatos, sicarios, en esa época nací yo, Mi padre Carlos, por medio de mi abuelo comenzó a trabajar en la Nacional de Chocolates, mi madre se dedico a criarme a mí y mi hermano menor, un día nos dimos cuenta que habían matado a Pablo Escobar, pero muchos sicarios del quedaron encargados de los barrios de Medellín, la Guerrilla en los pueblos y la selva colombiana también hacen de las suyas, y Antioquia seguía creciendo, los años iban pasando y yo crecía en mi barrio, estudiando y viendo día a día como progresaba la ciudad y el departamento, el Metro se construyo después de algunos años de obras, cada día mas tecnología, Televisores a color, aparecen los computadores, cada día mas gente, mas casas, edificios, mas empresas, tecnología de punta, obtener un automóvil con miles de comodidades hoy en día es accesible, pasar de una cocina en leña a una integral, televisores extremadamente delgados, ver en la tele canales de otros países.
Hoy desde mi escritorio, escribo este resumen pues como esta historia de mi familia están todas, cada una tiene su propia historia, cada una tiene su pasado, aprendí que a pesar que la violencia que el departamento ha sufrido no ha impedido que crezca, la guerra y la violencia estancan, pero Antioquia se sobrepuso y a progresado simplemente por una razón, son más las familias que quieren el progreso no solo de sus apellidos y sus familias, sino también de la ciudad y el departamento, radicar esta violencia que nos aqueja es difícil, pero cada vez hay más calidad de vida, finalmente los buenos venceremos, es el bicentenario de Antioquia, 200 años de  independencia de progreso pero ¿Cuántos años de libertad?


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